Sí, es cierto. A nosotros nos gusta hablar claro y sabemos perfectamente que hablar del seguro de decesos es como mentar la soga en casa del ahorcado. Hacerse un seguro de decesos es muchas veces replantearnos nuestra vida, el inevitable hecho de que no somos inmortales (aunque nos gustaría).

Pero ¿qué nos aporta el preocuparnos, el asomarnos a esa sombra que a muchos les da mal fario?

Lo primero: demuestra responsabilidad, madurez, compromiso. Va más allá de uno mismo. Es apostar por un futuro en el que sabemos que no estaremos y para el que solo deseamos lo mejor. Lo listamos a continuación todo lo que ofrece ese seguro de decesos.

  • Asistencia familiar y psicológica personalizada.
  • Asesoría jurídica y servicios de gestoría personalizados: asesoramiento telefónico para consultas de carácter jurídico relacionadas con tu vida privada.
  • Asistencia mundial básica:
    • Traslado o repatriación sanitaria por enfermedad o accidente.
    • Gastos médicos, quirúrgicos, farmacéuticos y de hospitalización en el extranjero hasta 15.000 EUR.
    • Desplazamiento de una familiar en caso de hospitalización .
    • Regreso anticipado si fallece un familiar o hay un siniestro grave en tu casa.
    • Repatriación del asegurado fallecido en el extranjero.
  • Traslado a cualquier punto del territorio nacional, con libre elección de cementerio.
  • Testamento online: tus últimas voluntades en un solo click.
  • Gratis para menores de 4 años.
  • Sin periodos de carencia.

Todo esto no es sino un compromiso a futuro, a un futuro que esperamos que llegue dentro de mucho tiempo. Es una apuesta por tenerlo todo cubierto, por no dejarse nada, por tenerlo todo en cuenta y asegurar que no falte de nada a los tuyos. Porque te puedes preocupar por ellos hasta cuando faltes.

El seguro de decesos no es más que nuestra voluntad extendida hacia el futuro, es nuestra mano cuidando de los nuestros cuando no estemos, asegurar sus sonrisas, tenerlo todo bien atado para que no les falte nada.