Sí, el susto te lo llevas. Llegas a casa, después de una llamada apresurada y con el corazón a mil por hora, y ves el circo montado. Horas después del incendio, desolado, te das cuenta de que tienes un seguro para eso, que eso que has estado pagando casi automáticamente, ese “por si acaso” te va a servir esta vez. Y el mundo brilla un poco más.

También puede ocurrir que tengas una avería, que no tengas tiempo de buscar, de recordar quién conoce a un fontanero que te vaya a arreglar lo roto y a ver si te lo va a dejar bien… Pero contrataste un seguro, uno de esos de hogar de 24 horas de DKV. Llamas y por primera vez sientes que te escuchan. Además te cubre todo eso: averías, roturas, cristales, cerrajeros, electrodomésticos, pintores… Por fin. Ahora puedes dedicar más tiempo a hacer tu vida sabiendo que eso está cubierto que no es un gasto que hacer cada mes, cada año: es una inversión en tranquilidad.

Los seguros de hogar, que son uno de los más recurridos tienen tantas aplicaciones que muchas veces nos quedan en el tintero, que no las conocemos todas; por eso tienes que tener en cuenta todo lo que pueden hacer por ti. Porque el objetivo real de un seguro de este tipo no es otro que el de facilitarte la vida, el de no tener que buscar en la vorágine de internet o de las amistades a ese profesional que necesitas para atender esa avería, para volver a seguir tu ritmo habitual de vida.

El seguro de hogar, que es imprescindible, es una forma de entender que tu tranquilidad no tiene precio, que cualquier avería tiene solución y que estás cubierto, preparado, tranquilo.