Numerosos estudios han contrastado la existencia del llamado “síndrome del edificio enfermo”. Es una sintomatología derivada de los entornos de trabajo construidos con elementos y medios que a la larga pueden perjudicar la salud.

Tal es el caso de las pinturas con plomo, de los espacios con cubículos de trabajo mínimos y que no tienen una buena aireación o, que además tienen los sistemas de ventilación comprometidos por los escaso de su higienización. Este síndrome se caracteriza por darse en edificios que tienden a la hermetización y cuya ventilación suele depender de un sistema centralizado. Todos estos factores unidos a otros que se han comprobado como la ausencia de luz directa y los espacios abiertos pueden producir una serie de sintomatologías:

  • Síntomas nasales: como irritación de la nariz, mucosidad abundante, sequedad nasal, congestión de vías aéreas, trastorno del olfato o tos.
  • Molestias en la visión: como por ejemplo irritación, enrojecimiento ocular, cansancio, escozor…
  • Alteraciones cutáneas: de nuevo, la irritación y los escozores en la piel pueden ser consecuencia del síndrome del edificio enfermo.
  • Otras manifestaciones son dolores de cabeza, náuseas, vértigos, fatiga mental o somnolencia, dificultades para concentrarse y alergias.
  • Dolores de garganta: igualmente, en ocasiones origina irritación, sequedad, ronquera, inflamación o enrojecimiento de la garganta.

Las cusas nos remiten a lo que hemos comentado:

  • Agentes infecciosos: como la proliferación de bacterias, hongos, ácaros, humedades en los sistemas de ventilación del propio edifico.
  • Físicos: la mala iluminación por parte de fluorescentes, poca luz natural, ruido y vibraciones de la estructura, humedades en paredes, pinturas y suelos, ergonomías del espacio de trabajo como son los escritorios, sillas, butacas, y la mala gestión de la temperatura ambiente tan común en grandes edificios que lo controlan todo de forma centralizada.
  • Químicos: en este destacamos los compuestos volátiles presentes, la acumulación de dióxido de carbono y mala ventilación del mismo, polvo, presencia de elementos químicos, etc.

Habitualmente con descanso y unos días de ausencia de ese entorno físicamente tóxico de trabajo suele servir para paliar tanto síntomas como malestar general, pero no todos podemos permitírnoslo. Si disponemos, además, de un seguro de renta por baja laboral, podemos, mientras nos mejoramos (recuerda que queremos que te cuides), considerar alternativas y también cómo comunicarnos para exponer lo que está pasando en el edificio.